Redes de recuperación de alimentos de base comunitaria: un análisis interdisciplinario

Autor: Tomás Veloz ¹, Director fundación DICTA.

En nuestro sistema alimentario global caracterizado por la abundancia y el desperdicio, han surgido iniciativas de base para desafiar los patrones predominantes de consumo y distribución. Este artículo examina una de estas iniciativas en Bruselas: una red de recuperación y redistribución de alimentos impulsada por voluntarios que ha operado durante más de siete años. A través de las experiencias y perspectivas de sus participantes, exploramos cómo esta iniciativa se intersecta con sistemas económicos, relaciones sociales, preocupaciones ambientales y filosofía política, en donde una integración interdisciplinaria se propone como síntesis.

Edición: Equipo Editorial Interdisciplinaria, Diagramación: Pilar Trillo.

 El idioma original en que está escrito este artículo es español. Mencionamos esto para considerar al utilizar la traducción automática que puede generar algunos errores.
Isotipo Interdisciplinaria
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Figura N° 1. Persona cargando alimentos recuperados y pan recuperado. Créditos: Celyne Weets.

 

Orígenes y evolución: una perspectiva histórica

 

    La iniciativa comenzó de manera orgánica alrededor de 2016-2017 cuando varios participantes notaron un sustancial desperdicio de alimentos en los supermercados locales. Como relata un voluntario:

 

   “Habíamos oído que en Huck, porque vivimos en Huck, había una tienda de comestibles. De hecho, cerca de nuestra casa hay una tienda llamada Sequoia. Hay una persona de mi entorno que instaló composteras cerca de esta tienda. Entonces, nos dimos cuenta de que Sequoia ponía todos sus productos no vendidos en el compost”.

 

  La observación inicial de alimentos perfectamente buenos siendo compostados provocó una acción directa:

 

  “Luego pensamos que tal vez podríamos hablar con la tienda y pedirles que nos lo dejaran a un lado, para poder distribuirlo después”.

 

  Otro voluntario explica cómo su participación comenzó a través de un proyecto de huerto comunitario:

 

 “Yo trabajé en una cooperativa de horticultura. Estábamos colaborando con una tienda solidaria: instalamos un huerto en la tienda. En ese entonces, pasaba mucho tiempo en ese huerto porque lo gestionaba un poco junto con la gente del barrio, tanto el huerto como el compostaje; llegaban cantidades enormes de verduras al compost”.

 

    Lo que comenzó como esfuerzos de recuperación a pequeña escala desde los contenedores de compost, evolucionó a través de varias fases: inicialmente distribuyendo a otros espacios colectivos ocupados, luego estableciendo puntos de distribución improvisados, y eventualmente creando un sistema de “tienda gratuita” más estructurado. La iniciativa ha mostrado una notable resiliencia, adaptándose a través de múltiples reubicaciones, la pandemia de COVID-19 y cambios en el equipo de voluntarios:

 

   “Aun así, tuvimos bastante resiliencia. Durante la cuarentena, por ejemplo, no se atrevían a continuar con la tienda en el local, así que seguimos de manera improvisada. Los sábados no había mucho, así que hacíamos las compras debajo de un árbol”.

“Lo que comenzó como esfuerzos de recuperación a pequeña escala desde los contenedores de compost, evolucionó a través de varias fases: inicialmente distribuyendo a otros espacios colectivos ocupados, luego estableciendo puntos de distribución improvisados, y eventualmente creando un sistema de “tienda gratuita” más estructurado”.

Perspectiva económica: desafiando la lógica del mercado

 

    Desde un punto de vista económico, la iniciativa opera en deliberado contraste con los sistemas de mercado convencionales. Los voluntarios no utilizan dinero para mediar el intercambio de alimentos, implementando en su lugar un modelo de “prix libre” (precio libre) donde los receptores pueden donar si lo desean, con fondos destinados principalmente a cubrir los costos de combustible:

 

    “Pero, ¿recibes también del Estado además de lo que la gente da o no recibes nada en absoluto? Aquí, es solo lo que la gente da. Todo el dinero que recaudamos se usa para pagar la gasolina”.

 

    Los voluntarios enmarcan su trabajo como una exposición de las contradicciones en las estructuras económicas capitalistas:

 

    “Es un lugar que muestra muy claramente el mal funcionamiento de la sociedad, porque las tiendas no pueden permitirse tener estanterías vacías, están obligadas a pedir en exceso y por lo tanto, obligatoriamente tienen un excedente. Así vemos la contradicción del capitalismo directamente”.

 

    Un voluntario articula cómo la participación en la iniciativa ofrece un modelo económico alternativo para los participantes:

 

   “Lo que comenzó como esfuerzos de recuperación a pequeña escala desde los contenedores de compost, evolucionó a través de varias fases: inicialmente distribuyendo a otros espacios colectivos ocupados, luego estableciendo puntos de distribución improvisados, y eventualmente creando un sistema de “tienda gratuita” más estructurado”.

 

    “Si evito el gasto para alimentarme, ah bueno, quizás pueda reducir mis horas de trabajo”.

 

    El modelo desafía la economía convencional al crear valor a partir de lo que el mercado ha definido como desecho, mientras democratiza el acceso a alimentos de calidad que de otro modo podrían ser financieramente inaccesibles:

 

    “Puedo comer productos de mejor calidad que de otra forma no puedo permitirme comprar”.

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Figura N° 2 . Productos recuperados y su almacenamiento. Créditos: Celyne Weets.

“Es un lugar que muestra muy claramente el mal funcionamiento de la sociedad, porque las tiendas no pueden permitirse tener estanterías vacías, están obligadas a pedir en exceso y por lo tanto, obligatoriamente tienen un excedente. Así vemos la contradicción del capitalismo directamente”.

 

Perspectiva sociológica: formación de comunidad y relaciones sociales

 

    La iniciativa ha desarrollado sus propias dinámicas sociales internas y normas comunitarias. Los voluntarios describen cómo las relaciones se han formado y evolucionado a lo largo de años de participación:

 

    “Es el equipo también. Ahí está mi hija que es amiga de la hija de otra persona. Son personas que queremos mucho”.

 

  El aspecto social constituye una motivación primaria para la participación continua:

 

   “A veces cuando vamos de vacaciones luego de la feria, tenemos que usar dos vehículos para que cada uno vaya por su lado. Es difícil mantener el equilibrio”.

 

   Los voluntarios han establecido claras normas sociales y reglas para la distribución, enfatizando que todos se sirven a sí mismos en lugar de recibir asignaciones pre-empacadas:

 

  “En varias ocasiones la gente ha insistido en que nosotros preparemos paquetes y se los demos a la gente. Esto es rechazado sistemáticamente, porque no todo el mundo está en la misma situación y no todo el mundo come lo mismo”.

 

  Este enfoque rechaza deliberadamente las dinámicas de poder que vendrían con los voluntarios decidiendo quién recibe qué. En cambio, promueve una comunidad de iguales donde todos tienen agencia:

 

  “Insistimos en el hecho de que son las personas las que se sirven, son ellas las que deciden qué van a tener. Nosotros estamos ahí solo un poco para gestionar una distribución para todos; una misión igualitaria”.

 

  Curiosamente, los voluntarios observan el desarrollo de lo que llaman una “cultura de compartir” entre los participantes regulares:

 

   “Hablo de una cultura en lugar de desarrollo individual, creo que la cultura de compartir en la tienda mejora con los años”.

 

Perspectiva conductual: cambiando las relaciones con la comida y el consumo

 

La iniciativa revela y transforma las relaciones psicológicas con la comida y el consumo. Los voluntarios describen cómo la participación cambia las actitudes hacia el desperdicio y los hábitos de consumo:

 

“No estoy obligada a tomar todo lo que es más caro y no debo querer sólo cosas X o Y. No, es esto. En general, lo que más tenemos son productos de temporada, entonces aprendo a cocinar con ingredientes que no están en mi cultura”.

 

En general, puede observarse cómo los nuevos participantes inicialmente tienden a tomar más de lo que necesitan, impulsados por la emoción de la abundancia y la falta de costo monetario:

 

“Una persona que llega por primera vez tiene mucha más tendencia a maravillarse con la posibilidad de tomar más cosas y decir: “wow ni siquiera he pagado””.

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Figura N° 3 . Equipo de coordinación organizando los alimentos previo a su distribución. Créditos: Celyne Weets.

“Hablo de una cultura en lugar de desarrollo individual, creo que la cultura de compartir en la tienda mejora con los años”.

 

   Sin embargo, con el tiempo los participantes regulares desarrollan hábitos de consumo más conscientes:

 

   “Si esta persona continúa, esta abundancia es menos impactante y desarrolla más conciencia de que en realidad sólo debe pensar en lo que necesita”.

 

    La iniciativa también desafía la señalización de estatus a través del consumo y el desperdicio:

 

  “Lo que es seguro es que encuentro que nos enriquece enormemente estar mezclados tanto con personas de diferentes barrios”.

 

 

Perspectiva ambiental: abordando el desperdicio de alimentos

 

   Desde un punto de vista ambiental, la iniciativa aborda directamente el problema del desperdicio de alimentos. Los voluntarios conectan las prácticas locales con las preocupaciones ambientales globales, ya que destacan que Europa es responsable de una gran parte del desperdicio. A su vez, critican el impacto ambiental de los sistemas de transporte global de alimentos:

 

   “¿Por qué traemos plátanos del otro lado del mundo y ni siquiera cuesta dos euros el kilo? Es demasiado problemático”.

 

  La iniciativa también promueve un consumo más consciente ambientalmente al animar a los participantes a usar lo que está disponible en lugar de demandar productos específicos:

 

  “En general, lo que más tenemos son productos de temporada, entonces aprendo a cocinar con lo que da la tierra”.

 

Perspectiva política: más allá de la caridad hacia la ayuda mutua

 

    Quizás lo más significativo es que la iniciativa encarna una filosofía política que rechaza la caridad en favor de la ayuda mutua. Los voluntarios explícitamente se distancian de un marco de ayuda:

 

   “¿Ayudar? No. Incluso tratamos de evitar la palabra ayudar: nosotros también nos servimos personalmente”.

 

   En cambio, posicionan su trabajo como la creación de un sistema alternativo que beneficia a todos, desafiando las dinámicas de poder jerárquicas y democratizando el acceso a los alimentos:

 

   “Las distribuciones más oficiales o que tienen un subsidio pequeño o grande tienen criterios y condiciones. En organizaciones más complejas hacen paquetes, o debes tener ciertos papeles. Debes inscribirte, hacer una lista de espera”.

 

    Por el contrario, su enfoque enfatiza:

 

   “Hablo de ética: por ejemplo, insisto en decir que nunca vamos a controlar a las personas
o poner condiciones”.

 

  Esta postura política se extiende a cómo manejan las dinámicas internas y sus relaciones con las tiendas, encarnando políticas prefigurativas —organizándose en el presente de acuerdo con los principios que visualizan para una sociedad más justa.

 

 

Síntesis interdisciplinaria: recuperación como resistencia y reconstrucción

 

    Examinar esta iniciativa de recuperación de alimentos a través de múltiples lentes disciplinarios revela cómo prácticas aparentemente simples de recolección y redistribución de alimentos encarnan desafíos profundos a los sistemas económicos, sociales y políticos dominantes. La iniciativa funciona simultáneamente como:

 

1. Alternativa económica: creando valor fuera de los mecanismos de mercado y desafiando la lógica de las mercancías.

 

2. Práctica de construcción comunitaria: estableciendo vínculos sociales, normas y relaciones más allá de los encuentros transaccionales.

 

3. Intervención ambiental: abordando directamente el desperdicio y promoviendo patrones de consumo sostenibles.

 

4. Proyecto político: encarnando principios de ayuda mutua que rechazan los modelos de caridad y las distribuciones jerárquicas de recursos.

 

5. Transformación psicológica: cambiando las relaciones con el consumo, la abundancia y la necesidad.

 

6. Sistema de adaptación resiliente: demostrando una notable flexibilidad a través de circunstancias cambiantes.

 

  El poder de esta iniciativa radica precisamente en su integración de estas dimensiones. Lo que podría parecer en la superficie como simplemente una solución práctica al desperdicio de alimentos es, de hecho, un desafío multidimensional a los sistemas dominantes. Al operar en la intersección de la práctica diaria y la crítica sistémica, los voluntarios han creado lo que el sociólogo Erik Olin Wright podría llamar una “utopía real”: una alternativa concreta que opera en el presente y que apunta hacia diferentes futuros posibles.

 

  Además, la iniciativa demuestra el papel esencial de las políticas prefigurativas en el cambio social. En lugar de simplemente criticar el desperdicio o la desigualdad, los voluntarios han construido un sistema alternativo que encarna sus valores a través de prácticas cotidianas. Su experiencia sugiere que la transformación ocurre no sólo a través de confrontar sistemas de poder sino a través de la construcción de alternativas que hacen que esos sistemas sean cada vez más irrelevantes para la vida diaria.

  La naturaleza interdisciplinaria de esta iniciativa también resalta cómo las innovaciones sociales efectivas típicamente cruzan los límites disciplinarios convencionales. Lo que funciona en la práctica, raramente se ajusta al pensamiento compartimentado de las disciplinas académicas o los departamentos gubernamentales. En cambio, como demuestra este caso, las alternativas significativas integran dimensiones económicas, sociales, ambientales, psicológicas y políticas en prácticas vividas coherentes.

 

   En conclusión, esta iniciativa de recuperación de alimentos con base en Bruselas ofrece más que una solución local al desperdicio de alimentos y proporciona un modelo para entender cómo las prácticas cotidianas pueden constituir una resistencia y reconstrucción significativas frente a desafíos sistémicos. A través de su trabajo, estos voluntarios demuestran que un mundo distinto no sólo es posible, sino que de maneras pequeñas pero significativas ya existe.

“En lugar de simplemente criticar el desperdicio o la desigualdad, los voluntarios han construido un sistema alternativo que encarna sus valores a través de prácticas cotidianas. Su experiencia sugiere que la transformación ocurre no sólo a través de confrontar sistemas de poder sino a través de la construcción de alternativas que hacen que esos sistemas sean cada vez más irrelevantes para la vida diaria”.

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Agradecimientos

   Este artículo fue realizado en base a entrevistas y fotografías realizadas por Celyne Weets de IHECS (Instituto de Estudios Avanzados en Comunicación Social), quien facilitó el material.

Tomás Veloz

    Es Doctor en estudios interdisciplinarios de University of British Columbia, Canadá (2015). Magíster en Ciencias de la Computación (2010), Licenciado en Matemáticas (2007) y Licenciado en Física (2005) de la Universidad de Chile. Tiene amplia experiencia en investigación científica con más de cuarenta publicaciones, igualmente tiene en su récord la dirección de equipos de investigación. Ha trabajado en colaboraciones internacionales tanto en la ciencia (organizando congresos, editando libros y revistas, participando en fondos concursables, dictando seminarios, etc.), como en la música como guitarrista (múltiples conciertos y festivales en Europa, Chile y en Asia como trompetista). Además, cuenta con experiencia en el emprendimiento en energías renovables (CEO de Sociedad Eoléctrica 2008-2014). Tomás Veloz, también es el artífice y Director de la Fundación DICTA.

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